No es una cuestión de tiempo. Nunca lo es, y nunca debería serlo.
Es una cuestión de que los dos superemos nuestros miedos, nuestras reservas, y darnos cuenta de que en el fondo es lo que deseamos. Y ese reconocimiento ha de ser patente para el otro, o al menos debería poder intuirlo, y que ambos nos decidamos a dar el paso juntos. El primer paso, claro, porque luego han de venir otros. Pero sólo si se abandonan las reservas, y se sigue lo que dice el corazón se puede seguir dando un paso tras otro, porque cualquier reparo o miedo por parte de alguno, o de ambos, acabará por destruir la confianza en el otro, y en uno mismo, de los dos.
Y no es una cuestión de tiempo porque el tiempo sólo destruye, mata. Es un proceso lento, casi imperceptible. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero es mentira. El tiempo simplemente va matando el nervio del diente careado, que acaba por dejar de doler, pero el agujero sigue ahí, y ahí seguirá para siempre. El tiempo nunca cura, sólo deja agujeros insensibles llenos de nada.