Ha sido una de esas reflexiones que llegan en esos momentos en los que estás tumbado tan a gusto, a punto de coger el sueño. Estás completamente relajado, pensando en tus cosas, cuando de repente notas que ya no eres tú el que dirige el hilo del pensamiento. Tu mente, tu subconsciente o qué se yo, un acto reflejo tal vez, hace una especie de regate, y deja tu consciencia aparcada de una forma tan sutil que casi ni te das cuenta.
Y entonces empieza la juerga.
Nunca he creído demasiado en temas paranormales. No digo ni que sí, ni que no. Simplemente, no son los sucesos extraños lo que hay que creer o no. Un suceso simplemente eso: sucede. Son las explicaciones lo que pueden ser más o menos satisfactorias, más o menos enrevesadas, estar mejor o peor fundamentadas y/o argumentadas.
Pero no van por ahí los tiros. Al menos no directamente. Esta tarde, tumbado en el suelo de la azotea después de comer, disfrutando de este sol ya casi invernal, me ha venido uno de esos momentos de pensamiento casi subconsciente.
Se me ha ocurrido, no se muy bien cómo, que vivimos en un universo enorme, vasto, casi inimaginablemente grande. Este universo, al menos de forma general, se ve regido por unas reglas y unos principios que al hombre le ha costado buena parte de su historia deducir y desentrañar: gravedad, electromagnetismo, fuerzas atómicas… la física, por así decirlo, gobierna lo tangible, lo ponderable.
Pero ¿qué hay de lo intangible? ¿Qué leyes ocultas o inexplicables mandan sobre lo que no se puede tocar, ni medir, sobre lo que sólo se puede apreciar y valorar de forma subjetiva? ¿Qué parámetros definen los sentimientos, las sensaciones? Porque si hay toda una serie de leyes que rigen lo material, ¿dónde están las que gobiernan lo que está más allá de lo físico?
Como ejemplo: una pieza musical puede explicarse matemáticamente, las notas descomponerse mediante fórmulas que describen la onda que produce el sonido. Mediante las leyes físicas, y las herramientas que sirven para describirlas (matemáticas) podemos dar sendas explicaciones del cómo y el por qué sucede algo tan intangible como la música, desde cómo se genera el sonido a cómo lo llega a interpretar nuestro cerebro, pasando por su propagación o el proceso casi mágico que hace nuestro oído para transformar una vibración del aire en señales eléctricas. Toda esa parte tiene una explicación.
Ahora bien, ¿cómo explicar, cómo medir, cómo reducir la sensación que puede producir el escuchar el Dies Irae del réquiem de Mozart? ¿Qué proceso hace que ese sonido que interpreta nuestro cerebro, nuestra mente lo juzgue bello (o no), y lo bastante emocionante como para llegar a producir una respuesta física, como pudiera ser erizar el vello? ¿Qué mecanismos sigue la mente humana para llegar a provocar el llanto por simple empatía hacia otro ser? Es más, ¿en qué momento se lleva a cabo esa transición entre lo físico y lo emocional, y cómo?
Es más, ¿realmente existe ese otro lado o no es más que la manifestación de algún otro conjunto de leyes físicas que aún no hemos llegado a comprender? De ser así, lo intangible, lo espiritual no sería más que una extensión del universo material, sólo que es algo que aún ignoramos y optamos por considerar el todo por la parte y creer que lo que (todavía) no podemos medir, es imposible de medir, en vez de pensar que simplemente aún no hemos aprendido a hacerlo.