Sí, quizá es un poco tarde para ponerse a recapitular lo que fue el año pasado. Pero como pasado está, pienso que tanto da que lo hiciera hoy como si lo hubiera hecho el 1 de Enero…
El año pasado fue… intenso. No se me ocurre una palabra mejor. Podría decir que fue un buen año (que lo fue), ya que los buenos momentos superan a los malos que por suerte fueron pocos, y quedan además eclipsados por la calidad de los primeros. Me llevo un buen puñado de buenos recuerdos del 2010, desde luego.
Dentro de lo malo (que de verdad no es tan malo, o no me lo parece ni tiene tanta importancia) lo más reseñable sin duda es la porquería de ambiente que tuve que aguantar en el trabajo (al que por suerte no le queda mucho ya). No ya por mis compañeros, con los que he pasado unos cuantos de esos buenos momentos, sino por mis “jefes” en el cliente. Que sea su propia incompetencia la que provoca contínuamente descontroles, fallos, mala comunicación entre las partes y las consiguientes broncas es algo que me desespera. Me quita la fe en que este país pueda llegar a levantar el vuelo alguna vez, porque veo lo peorcito de la fauna patria cuando los miro: veo a una incompetente que necesita aparentar competencia a toda costa, puteando y presionando para poder salvar ella la cara; veo a un pasota que como ya tiene el puesto asegurado, se la trae todo bien al pairo; veo a una inútil y vaga que no da un palo al agua, y ni se preocupa por disimular; veo colegueo entre “privilegiados” y discriminación deliberada y sin disimulo de los pringados de la subcontrata.
Me desespera, también, el ver que mi jefe en mi empresa, tampoco hace gran cosa. Aún sabiendo que la culpa no es del personal (5 empleados que se marchan en año y medio me parece un ratio muy alto como para que lo sea), el cliente es un caramelo demasiado goloso como para exigirle, y no se atreve a tirar de la cuerda lo más mínimo por miedo a que se rompa. Vamos, que como mediador en los conflictos sólo nos sirve a medias.
Dentro de lo malo están también, y dependiendo de la importancia que le quiera dar (como todo, supongo), los dos o tres rechazos que me llevé, sobre todo por hacerme demasiadas ilusiones. Como digo, esto en su momento me dolió (al primer caso le estuve dando vueltas más de seis meses, a base de recaídas tontas), pero con el tiempo fui tomando perspectiva y realmente también son cosas que quedan eclipsadas por los momentos buenos.
En cuanto a lo bueno… podría empezar por la misma Nochevieja de 2009 y seguir: los medievales en Teruel, Fallas, conciertos, tardes de quintos, noches de fiesta, Almansa, rutas de senderismo, Toledo, días de rafting, Albacete, el Rock am Ring, el viaje por Rumanía, cierta noche en la playa, el haber encontrado a alguien de nuevo, una boda en septiembre, una visita a la familia en octubre… Ni siquiera me molesto en intentar recordarlo todo, porque sólo con unas pocas cosas, unos pocos momentos, me basta para poder decir que el 2010 ha sido uno de los mejores años de mi vida. No soy ni más rico, ni más sabio; sólo un año más viejo. Pero si hay algo que gané durante el año pasado, fue sentirme vivo. Me sentí vivo por primera vez en años, incluso en los momentos que creía que me moría
Se que visto por escrito, parece que lo malo ocupa mucho más que lo bueno. Nada más lejos de la realidad. Por escrito ocupa mucho más porque realmente es mucho menos y puedo escribirlo con más detalle. Hay tanto bueno que me es imposible ponerlo todo en negro sobre blanco, y más difícil aún expresar lo que siento al recordarlo.
Sólo puedo desear que este 2011 siga en esa misma línea. Que me pasen, como máximo, la mitad de cosas malas; como mínimo, la mitad de buenas, y no ser tan idiota de no reconocerlas cuando pasen.