Serio problema, cuando uno tiene sed pero el agua no está cerca.
Pero aún peor sienta el haber tenido ese agua casi al alcance, rozándola apenas con la punta de los dedos… y aun así se ha escapado. Otra vez.
Ovidio ya dijo, hace unos dos mil años: “Ofrecer amistad a quien pide amor es como dar pan a quien muere de sed”.
Resulta curioso, porque pensaba que esa frase sólo se podía aplicar al ámbito sentimental, pero hoy he aprendido que en lo laboral también te pueden calzar un bocadillo de polvorones en mitad de una travesía por el desierto cuando estás desfalleciendo deshidratado…
Y así va mi vida. Encima el universo se quiere recochinear de mí, y hace que suenen las canciones menos adecuadas en los momentos que menos las necesito oir. Entre eso y lo de ponerme el agua sólo un poco más allá de mi alcance… Empiezo a creer cada vez menos en las casualidades.