Panic Key

17 enero 2012

Apuntes recién levantado.

Archivado en: General — z-nail @ 0:31

No es una cuestión de tiempo. Nunca lo es, y nunca debería serlo.

Es una cuestión de que los dos superemos nuestros miedos, nuestras reservas, y darnos cuenta de que en el fondo es lo que deseamos. Y ese reconocimiento ha de ser patente para el otro, o al menos debería poder intuirlo, y que ambos nos decidamos a dar el paso juntos. El primer paso, claro, porque luego han de venir otros. Pero sólo si se abandonan las reservas, y se sigue lo que dice el corazón se puede seguir dando un paso tras otro, porque cualquier reparo o miedo por parte de alguno, o de ambos, acabará por destruir la confianza en el otro, y en uno mismo, de los dos.

Y no es una cuestión de tiempo porque el tiempo sólo destruye, mata. Es un proceso lento, casi imperceptible. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero es mentira. El tiempo simplemente va matando el nervio del diente careado, que acaba por dejar de doler, pero el agujero sigue ahí, y ahí seguirá para siempre. El tiempo nunca cura, sólo deja agujeros insensibles llenos de nada.

5 diciembre 2011

El otro lado

Archivado en: General — z-nail @ 21:00

Ha sido una de esas reflexiones que llegan en esos momentos en los que estás tumbado tan a gusto, a punto de coger el sueño. Estás completamente relajado, pensando en tus cosas, cuando de repente notas que ya no eres tú el que dirige el hilo del pensamiento. Tu mente, tu subconsciente o qué se yo, un acto reflejo tal vez, hace una especie de regate, y deja tu consciencia aparcada de una forma tan sutil que casi ni te das cuenta.

Y entonces empieza la juerga.

Nunca he creído demasiado en temas paranormales. No digo ni que sí, ni que no. Simplemente, no son los sucesos extraños lo que hay que creer o no. Un suceso simplemente eso: sucede. Son las explicaciones lo que pueden ser más o menos satisfactorias, más o menos enrevesadas, estar mejor o peor fundamentadas y/o argumentadas.

Pero no van por ahí los tiros. Al menos no directamente. Esta tarde, tumbado en el suelo de la azotea después de comer, disfrutando de este sol ya casi invernal, me ha venido uno de esos momentos de pensamiento casi subconsciente.

Se me ha ocurrido, no se muy bien cómo, que vivimos en un universo enorme, vasto, casi inimaginablemente grande. Este universo, al menos de forma general, se ve regido por unas reglas y unos principios que al hombre le ha costado buena parte de su historia deducir y desentrañar: gravedad, electromagnetismo, fuerzas atómicas… la física, por así decirlo, gobierna lo tangible, lo ponderable.

Pero ¿qué hay de lo intangible? ¿Qué leyes ocultas o inexplicables mandan sobre lo que no se puede tocar, ni medir, sobre lo que sólo se puede apreciar y valorar de forma subjetiva? ¿Qué parámetros definen los sentimientos, las sensaciones? Porque si hay toda una serie de leyes que rigen lo material, ¿dónde están las que gobiernan lo que está más allá de lo físico?

Como ejemplo: una pieza musical puede explicarse matemáticamente, las notas descomponerse mediante fórmulas que describen la onda que produce el sonido. Mediante las leyes físicas, y las herramientas que sirven para describirlas (matemáticas) podemos dar sendas explicaciones del cómo y el por qué sucede algo tan intangible como la música, desde cómo se genera el sonido a cómo lo llega a interpretar nuestro cerebro, pasando por su propagación o el proceso casi mágico que hace nuestro oído para transformar una vibración del aire en señales eléctricas. Toda esa parte tiene una explicación.

Ahora bien, ¿cómo explicar, cómo medir, cómo reducir la sensación que puede producir el escuchar el Dies Irae del réquiem de Mozart? ¿Qué proceso hace que ese sonido que interpreta nuestro cerebro, nuestra mente lo juzgue bello (o no), y lo bastante emocionante como para llegar a producir una respuesta física, como pudiera ser erizar el vello? ¿Qué mecanismos sigue la mente humana para llegar a provocar el llanto por simple empatía hacia otro ser? Es más, ¿en qué momento se lleva a cabo esa transición entre lo físico y lo emocional, y cómo?

Es más, ¿realmente existe ese otro lado o no es más que la manifestación de algún otro conjunto de leyes físicas que aún no hemos llegado a comprender? De ser así, lo intangible, lo espiritual no sería más que una extensión del universo material, sólo que es algo que aún ignoramos y optamos por considerar el todo por la parte y creer que lo que (todavía) no podemos medir, es imposible de medir, en vez de pensar que simplemente aún no hemos aprendido a hacerlo.

21 noviembre 2011

Una puñetera verdad…

Archivado en: General — z-nail @ 23:33

Ted: I used to believe in destiny. You know? I’d go to the bagel place, see a pretty girl in line, reading my favorite novel, whistling the song that’s been stuck in my head all week, and I’d think, “Wow, hey — maybe she’s the one.” Now I think, “I just know that bitch is going to take the last whole wheat everything bagel.”

Robin: You’ve just been focused on work.

Ted: No. It’s more than that. I’ve stopped believing. Not in some depressed, I’m-gonna-cry-during-my-toast way. Not in a way I even noticed until tonight. It’s just, everyday, I think I believe a little less, and a little less, and a little less, and that sucks. What do I do about that, Scherbatsky?

Robin: You’re Ted Mosby. You start believing again.

Ted: In what? Destiny?

Robin: Chemistry. If you have chemistry, you only need one other thing.

Ted: What’s that?

Robin: Timing. But timing’s a bitch.

8 noviembre 2011

Si no lo digo reviento.

Archivado en: General — z-nail @ 2:18

Es lo malo de callarse las cosas: piedra a piedra se va haciendo pared. Lo malo llega cuando la pared es tan alta que se acaba derrumbando y pilla a alguien debajo.

Y es que se pueden aguantar muchas cosas. Puedo aguantar que en el trabajo me exploten, mientras me traten más o menos bien o me lleve bien con la gente. Sí, también, como para quejarse con la que está cayendo y bla bla bla…

Puedo aguantar (aunque cada vez menos) que en lo personal las cosas no vayan como me gustaría. He perdido el contacto con mucha gente con la que me lo pasaba bien y tengo demasiado contacto con otra gente que me lo hace pasar mal la mitad del tiempo.

Pero lo que no puedo aguantar es que venga un gilipollas con demasiado tiempo libre y a saber qué puto complejo de inferioridad venga a tocarme los huevos no ya en el ámbito de donde lo conozco, que es una afición común, sino que sus paranoias y sus delirios están salpicando mi vida personal y laboral, y la de otros. Pues por ahí si que no paso. Porque vaya mesecitos nos has dado, anormal de los cojones. Eso sí, el día que te tenga que ver el jeto por obligación espero que sea el último y desaparezcas de mi vida.

Sí Roberto, gilipollas caracartón enano mental con demasiado tiempo libre, esto va por tí. De verdad espero que algún día te des cuenta de lo idiota que has sido, pero que ese día llegue demasiado tarde, cuando ya no tengas a quien tocarle los cojones más que a ti mismo y estés más solo que la una y completamente amargado y asqueado de tu triste vida.

Que te den por culo, imbécil.

4 febrero 2011

2010, qué año…

Archivado en: General — z-nail @ 17:43

Sí, quizá es un poco tarde para ponerse a recapitular lo que fue el año pasado. Pero como pasado está, pienso que tanto da que lo hiciera hoy como si lo hubiera hecho el 1 de Enero…

El año pasado fue… intenso. No se me ocurre una palabra mejor. Podría decir que fue un buen año (que lo fue), ya que los buenos momentos superan a los malos que por suerte fueron pocos, y quedan además eclipsados por la calidad de los primeros. Me llevo un buen puñado de buenos recuerdos del 2010, desde luego.

Dentro de lo malo (que de verdad no es tan malo, o no me lo parece ni tiene tanta importancia) lo más reseñable sin duda es la porquería de ambiente que tuve que aguantar en el trabajo (al que por suerte no le queda mucho ya). No ya por mis compañeros, con los que he pasado unos cuantos de esos buenos momentos, sino por mis “jefes” en el cliente. Que sea su propia incompetencia la que provoca contínuamente descontroles, fallos, mala comunicación entre las partes y las consiguientes broncas es algo que me desespera. Me quita la fe en que este país pueda llegar a levantar el vuelo alguna vez, porque veo lo peorcito de la fauna patria cuando los miro: veo a una incompetente que necesita aparentar competencia a toda costa, puteando y presionando para poder salvar ella la cara; veo a un pasota que como ya tiene el puesto asegurado, se la trae todo bien al pairo; veo a una inútil y vaga que no da un palo al agua, y ni se preocupa por disimular; veo colegueo entre “privilegiados” y discriminación deliberada y sin disimulo de los pringados de la subcontrata.

Me desespera, también, el ver que mi jefe en mi empresa, tampoco hace gran cosa. Aún sabiendo que la culpa no es del personal (5 empleados que se marchan en año y medio me parece un ratio muy alto como para que lo sea), el cliente es un caramelo demasiado goloso como para exigirle, y no se atreve a tirar de la cuerda lo más mínimo por miedo a que se rompa. Vamos, que como mediador en los conflictos sólo nos sirve a medias.

Dentro de lo malo están también, y dependiendo de la importancia que le quiera dar (como todo, supongo), los dos o tres rechazos que me llevé, sobre todo por hacerme demasiadas ilusiones. Como digo, esto en su momento me dolió (al primer caso le estuve dando vueltas más de seis meses, a base de recaídas tontas), pero con el tiempo fui tomando perspectiva y realmente también son cosas que quedan eclipsadas por los momentos buenos.

En cuanto a lo bueno… podría empezar por la misma Nochevieja de 2009 y seguir: los medievales en Teruel, Fallas, conciertos, tardes de quintos, noches de fiesta, Almansa, rutas de senderismo, Toledo, días de rafting, Albacete, el Rock am Ring, el viaje por Rumanía, cierta noche en la playa, el haber encontrado a alguien de nuevo, una boda en septiembre, una visita a la familia en octubre… Ni siquiera me molesto en intentar recordarlo todo, porque sólo con unas pocas cosas, unos pocos momentos, me basta para poder decir que el 2010 ha sido uno de los mejores años de mi vida. No soy ni más rico, ni más sabio; sólo un año más viejo. Pero si hay algo que gané durante el año pasado, fue sentirme vivo. Me sentí vivo por primera vez en años, incluso en los momentos que creía que me moría :P

Se que visto por escrito, parece que lo malo ocupa mucho más que lo bueno. Nada más lejos de la realidad. Por escrito ocupa mucho más porque realmente es mucho menos y puedo escribirlo con más detalle. Hay tanto bueno que me es imposible ponerlo todo en negro sobre blanco, y más difícil aún expresar lo que siento al recordarlo.

Sólo puedo desear que este 2011 siga en esa misma línea. Que me pasen, como máximo, la mitad de cosas malas; como mínimo, la mitad de buenas, y no ser tan idiota de no reconocerlas cuando pasen.

1 septiembre 2010

Caminar.

Archivado en: General — z-nail @ 16:51

Hay que aprender a mirar tanto hacia el horizonte para saber a dónde se puede o se quiere llegar, como por dónde se pisa. Una cosa sin la otra no tiene ningún sentido. Mirar siempre a lo lejos hace que tropecemos y caigamos constantemente por no ver los obstáculos del camino. El mirarnos siempre los pies nos evita los tropezones y las caídas, pero podemos estar moviéndonos en círculos sin darnos cuenta.

19 agosto 2010

Eufemismos.

Archivado en: General — z-nail @ 1:34

- ¿Innovación? Si cerramos investigación y desarrollo hace años…

- Esto no va de investigación, Horsefry. Esto va de encandilar a las masas con chucherías. Creo que la palabra respetable es… márketing.

Terry Pratchett, Going Postal.

16 julio 2010

El eterno Peter Pan.

Archivado en: General — z-nail @ 13:26

Yo no sé si os pasa lo mismo, pero a mí este continuo revival de nuestra infancia me pone muy triste, y me hace pensar en miedos a la muerte y en la muerte misma y en la memoria colectiva de una generación incapaz de volver a sentirse como se sentía a las seis y media de la tarde de cualquier miércoles de 1986.

Visto en Fauna Mongola de Madrid.

30 junio 2010

What can I do?

Archivado en: General — z-nail @ 18:33

Está siendo una tarde larga en el trabajo. Una de esas en las que no hay nada que hacer. Los funcionarios, en horario de verano, hace horas que se han largado y por aquí sólo estamos el de seguridad, la de la limpieza y yo. Además, por aquello de salvar el planeta, han apagado el aire acondicionado y hace bastante calor.

Por suerte, la ventana más cercana está orientada a la calle, y gracias a eso entra algo de este sol vespertino, algo que me recuerda que afuera aún es de día y de paso me ayuda a no sentirme como un condenado en una celda.

Además he dado con una lista de spotify con música noventera, todo temas que solía escuchar en tardes como ésta, con la sencilla diferencia de que entonces lo hacía en mi habitación, tumbado en la cama, quizá leyendo algún libro y con la persiana abierta apenas un palmo para que entrase algo de aire y dejar fuera el sol abrasador.

Es curioso como muchas veces unas pocas notas de una canción o un olor puede remover la memoria mucho más que las palabras o una imagen, y traer a la luz recuerdos que creíamos olvidados o perdidos en la montaña de trastos que llamamos memoria.

Hoy mi habitación ya no es mía, está invadida por mi hermana, que desde que dejé de vivir allí ha ido expandiendo su espacio vital de forma inexorable por toda la casa. Los estantes siguen llenos de libros y CD’s, pero ya no son los míos, como tampoco las películas o la decoración que ha ido añadiendo ella.

Sólo el sol, y las canciones, son todavía los mismos.

9 abril 2010

Agua.

Archivado en: General — z-nail @ 17:19

Serio problema, cuando uno tiene sed pero el agua no está cerca.

Pero aún peor sienta el haber tenido ese agua casi al alcance, rozándola apenas con la punta de los dedos… y aun así se ha escapado. Otra vez.

Ovidio ya dijo, hace unos dos mil años: “Ofrecer amistad a quien pide amor es como dar pan a quien muere de sed”.

Resulta curioso, porque pensaba que esa frase sólo se podía aplicar al ámbito sentimental, pero hoy he aprendido que en lo laboral también te pueden calzar un bocadillo de polvorones en mitad de una travesía por el desierto cuando estás desfalleciendo deshidratado…

Y así va mi vida. Encima el universo se quiere recochinear de mí, y hace que suenen las canciones menos adecuadas en los momentos que menos las necesito oir. Entre eso y lo de ponerme el agua sólo un poco más allá de mi alcance… Empiezo a creer cada vez menos en las casualidades.

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